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Dominique Blanc - ANTROPOLOGIA DE LA EDUCACION Etnografia de las practicas ordinarias de escritura  
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ETNOGRAFIA DE LAS PRÁCTICAS
ORDINARIAS DE ESCRITURA
COMO CONTRIBUCIÓN A LA
ANTROPOLOGIA DE LA EDUCACIÓN





por Dominique BLANC


École des Hautes Études
en Sciences Sociales
LISST- Centre d'Anthropologie Sociale

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Texte de la communication au 2e Colloque ETNOGRAFIA Y EDUCACION - Barcelona - 5-8 septembre 2007.
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La presente comunicación se apoya en una investigación iniciada hace ya unos años como parte de un proyecto colectivo. Este trabajo, cuyo tema era la escritura personal de las alumnas de un instituto (Blanc 1993 y 1995) era la continuación de una investigación sobre las costumbres y "tradiciones ocultadas" en ciertas escuelas, en particular sobre la cuestión de las novatadas (Blanc 1999). Trataré unicamente aquí, a través de un ejemplo, la cuestión de la escritura personal femenina y juvenil, esperando mostrar así el interés de una etnografía de estas prácticas "ordinarias" para la antropología de la educación. En primer lugar, nos permite conocer ciertas modalidades de la socialización y de la sociabilidad adolescentes, en gran parte invisibles para los padres y los adultos en la institución escolar. Por otra parte, nos permite enriquecer nuestra comprensión de la cultura escrita como conjunto de unas cuantas literacies diversas y situadas en contextos diferentes (Street 1993). No sé si de este mejor conocimiento de las prácticas efectivas (Blanc 2002) pudiéramos sacar conclusiones para la institución escolar pero al menos habremos aportado algunos elementos útiles (Hull y Schulz 2002).

El Centro de Antropología de Toulouse, en colaboración con el Ministerio de Cultura, había propuesto estudiar colectivamente "las escrituras ordinarias", es decir estas prácticas de escritura que cumplimos cada día, que no tienen importancia para los demás pero que nos pueden parecer muy importantes o muy personales (Fabre 1993). Se trata, por ejemplo, de los impresos que debemos rellenar a petición de instituciones estatales o del simple correo electrónico. Pero se puede tratar también de las oraciones escritas sobre papeles que algunos feligreses deslizan bajo la estatua de la Virgen o de algún santo o del álbum de fotos y de textos que escribe la madre para su niño recién nacido, etc. Y, por supuesto, se trata del diario íntimo. Encargado de la encuesta sobre el diario íntimo como práctica ordinaria de escritura entre la juventud escolarizada de hoy, me dí cuenta rápidamente de que esta práctica tenía algunas características previsibles pero también otras muchas más inprevisibles. Entre las previsibles figura el carácter mayoritariamente femenino de la escritura íntima. Es un fenómeno bien conocido y abundantemente comentado (Lejeune 1993). Entre las características más inprevisibles figura el hecho de que la escritura íntima de las alumnas es raramente una actividad individual: se inscribe la mayoría de las veces en el marco de un intercambio. Este último puede efectuarse entre dos alumnas o bien en una red más ancha que puede llegar a englobar todas las chicas de una misma clase.

El caso más interesante, veremos porque a continuación, es el de dos alumnas quienes deciden en secreto escribir cada una un diario íntimo y luego regalarlo a su "amiga". He estudiado algunas de estas curiosas parejas. Al principio del curso escolar, una chica simpatiza con otra y le hace esta extraña petición: para conocernos mejor, podríamos escribir nuestras experiencias, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos en un cuaderno que cambiaríamos una vez acabado. Así se establecería una continuidad perfecta entre los contactos diarios en el colegio y la redacción solitaria del cuaderno. Así se experimentaría una amistad profunda entre adolescentes. La escritura, una práctica habitual en el medio escolar, tomaría muy naturalmente el relevo de otros modos de comunicación: un recurso cómodo, dentro de un registro bien conocido. Pero la realidad es muy diferente: las condiciones del intercambio y las modalidades de su ejecución merecen nuestra atención.

En primer lugar, lo que llamamos escritura comienza de hecho con una colecta incesante de objetos, de imágenes y de soportes escritos. Luego viene la redacción del cuaderno que toma entonces una dimensión que sobrepasa el mero gesto gráfico. Sigamos una de las chicas. Durante todo el día recoge todo tipo de papeles. Antes de irse al colegio, pone a un lado el programa de televisión de la noche anterior. La interclase le dará la oportunidad de recolectar páginas de revistas abandonadas en los pasillos. En un bar, al mediodía, recoge los discos de cartón bajo las cañas de cerveza. A las 5 de la tarde, instalada en la oficina de su madre, secretaria en una administración, escribe furtivamente algunas notas sobre unos trozos de papel. Por la noche, la comida familiar acabada, sube al piso. Por fin, està en su casa. En el suelo hay discos compactos y revistas y en las paredes, anuncios de conciertos de los grupos anglosajones de moda, billetes de cine, fotos recortadas en todo tipo de revistas. Ella desliza un disco en el lector. Se instala ante su escritorio, extrae de su saco libros y cuadernos. Luego empieza a escribir un comentario de texto aburrido. Al cabo de una hora de este trabajo obligatorio, pone de nuevo en su saco los libros escolares. Todos los instrumentos usados para el ejercicio escolar desaparecen en los cajones de izquierda de su escritorio. Luego, pone un nuevo disco en el lector y abre un cajón de derecha, extrae del cajón bolígrafos multicolores, tijeras y goma de pegar. Del cajón inferior extrae una bolsa llena de papeles recortados y un cuaderno de gran tamaño: "el" cuaderno. Durante una hora, al ritmo de la música, escribe, dibuja, recorta, pega, sacando de su saco los papeles recogidos a lo largo del día. Una vez acabado el trabajo de escritura personal, ordena cuidadosamente su documentación en los cajones de derecha. Igual que su escritura, su escritorio tiene dos lados estrictamente separados: el lado izquierdo para la escritura escolar y el lado derecho, "el lado del cuaderno", para la escritura personal. En el mismo momento, en una habitación semejante, otra adolescente hace los mismos gestos escuchando la misma música. Cada una, para su nueva amiga, "hace un cuaderno", como dicen ellas.

Las condiciones del intercambio también resultan un poco raras. En realidad las dos supuestas amigas no se conocen. Empezarán a conocerse solo cuando hayan cambiado sus primeros cuadernos. Es el objetivo principal del intercambio. La amiga "de papel" no es la amiga de corazón antes de la escritura. No es elegida unicamente para el cuaderno sino, literalmente, por el cuaderno. Una chica nos dice : "Con Élodie nos conocemos tanto después mucho tiempo que no vale la pena hacer un cuaderno. En cambio con Ève nos conocíamos más o menos a través de momentos que vivíamos juntos. Pero no la conocía bastante para hablarle verdaderamente, entonces le propuse que hiciéramos un cuaderno que cambiaríamos cuando esté acabado. El primer cuaderno era más bien una toma de contacto. Nos conocíamos a partir del tercero solamente. […] Y pues me hizo esto sobre un cuaderno poniendo imágenes que correspondían más o menos. En sus cuadernos, me planteaba cuestiones, entonces yo respondía sobre otros cuadernos. Esto duró dos años, únicamente con ella. Debo tener una decena de los suyos y ella tanto de mí."

¿Con qué está hecho este "querido cuaderno"? Observamos sin sorpresa que su documentación y su forma de expresión provienen directamente de las revistas femeninas juveniles. Biografías de famosos, publicidades en forma de test ("Cómo encontrar el amor de tu vida. Una búsqueda personalizada para ayudarte a definir a tu compañero ideal… ") sirven para definir a su novio pero igualmente al novio de su corresponsal. Los cuadernos mezclan fotos de "tíos guapos" y confidencias a hurtadillas. Los superlativos empleados en las leyendas se refieren tanto al sexo más crudo como a los sentimientos más románticos. Interrogadas sobre el tema, las adolescentes explican que los chicos no saben expresar sus sentimientos sin recurir a una obscenidad lúdica, mientras que ellas, las chicas, saben expresarse más directamente pero con alguna delicadeza. Sin embargo, descubrimos en sus escritos un curioso equivalente femenino del "pudor basto" de los varones. Curiosamente, podemos encontrar llamamientos desbridados al sexo: ("si encuentro de nuevo a Patrick, lo violo, es demasiado guapo") lo mismo que algún discurso tradicional (por no decir reaccionario) sobre la virginidad antes del matrimonio. El mundo de los cuadernos parece poblado de vírgenes y rameras. Y las redactoras parecen situirse alternativamente y a veces simultáneamente en ambas categorías. ¿Pero no será así en el universo de las series televisivas de donde provienen gran parte de las imágenes presentas en los cuadernos? Sexo y amor se mezclan al ritmo desenfrenado de episodios en los cuales una puede identificarse indiferentemente con heroínas ambiguas: sexualmente "liberadas", infieles pero románticas.

Y cuando una intenta definirse a sí misma, imita "El diván", un juego de asociación de ideas al que participan a menudo los cantantes o actores de moda en las revistas especializadas. El test "Me gusta / No me gusta", la "meteorología del corazón", los horóscopos, copiados tales cuales o adaptados a la situación amorosa del momento, completan los cuadernos, adoptando así en parte el modelo impuesto por las revistas. En parte solamente, porque la carta dirigida a la amiga de corazón sigue siendo un modelo muy presente. Pero aquí también las frases más "personales" son salpicadas de frases hechas, tomadas, una vez más, de las mismas revistas. Recortes y frases originales componen inextricablemente un texto continuo del cual no podemos decir por cual modalidad de escritura es precisamente determinado: la creación o la imitación. Las reflexiones íntimas, si las hay, se encuentran mezcladas con elementos estereotipados en un constante "ejercicio" de imitación, como si este último fuera el único medio posible para acceder a la maestría de una expresión personal.

¿Para qué sirve, pues, hacer un cuaderno personal y secreto si está hecho de estereotipos? ¿Para qué sirve una escritura íntima si no tiene quasi nada de íntimo? No podemos comprenderlo sin tener en cuenta que nos encontramos en un lugar donde las definiciones corrientes de la realidad y de la ficción no valen, un universo creado por un tipo particular de escritura. El tema principal de los cuadernos es, por supuesto, el amor y, precisamente, los amores respectivos de las adolescentes. Pero si nos limitamos a leer los cuadernos no podemos saber si los amantes de las redactoras son personas reales o bién un fruto más de su imaginación. Hablamos con ellas de tal muchacho presente en los cuadernos y nos confirman que existe en la realidad pero descubrimos pronto que es también un personaje de ficción. Generalmente, tal supuesto "amante" nunca supo que era el protagonista de una relación amorosa. En su caso, como en el caso de las relaciones imaginarias con los "chicos guapos" de las fotos, existe cierta realidad a través de una imagen y todo el asunto se resuelve en una mirada. De aquí que, en los cuadernos, las chicas puedan "romper" una relación amorosa con una estrella de cine lo mismo que con un chico de su clase. En ambos casos sólo se atrevieron a mirar y se enamoraron de una imagen. Bajo la foto de Brad Pitt con quién acaba de "romper", Ana escribe, lacónica: "un ex-adorado ". Y cuando escribe más lejos: "¡ Me atrevo a la mirada! ¡ No està prohibido probar obras de arte!…", esta vez no está hablando de una estrella de la gran pantalla sino de un chico del instituto que se transformó en héroe ficticio en cuanto entró en su mundo de papel. Ella nunca se atrevió a hablar con él fuera de su cuaderno. Entonces, el cuaderno no es casi nunca la relación de acontecimientos realmente vividos, al contrario del diario íntimo tradicional. Necesita momentos de la vida real, por supuesto, pero sólo como pretexto para la expresión de sentimientos que quedan confusos y difíciles de dominar. De donde resulta que los ejercicios constantes de escritura, las copias de textos, los "collages" de fotos, los dibujos multicolores son unas cuantas tentativas para expresar torpe y tímidamente algunas reflexiones, dudas y esperanzas difíciles de formular con tono personal.

Podemos hablar del "momento del cuaderno" en la vida de algunas chicas. Es un momento de confusión: entre realidad y ficción, entre amor y amistad, entre lo ajeno y lo propio. Una confusión que puede incluso acabar con la amistad naciente de ambas corresponsales. El juego del cambio permanente de identitad resulta arriesgado: una sabe quién es, o al menos está buscándolo en su cuaderno, pero a veces no sabe más a quién se dirige: a sí misma, a su supuesto amante o a su supuesta amiga y corresponsal. En el caso particular del cuaderno, la escritura no sirve para aclarar las cosas, analizar los sentimientos o ordenar los pensamientos. Estamos lejos del universo académico o del universo literario, estamos en el universo de la copia y de la repetición. Entonces: ¿para qué sirve esta escritura? A lo mejor sirve para experimentar plenamente esta confusión, para complacerse en ella, padecer de sus torturas reales o ficticias para poder, finalmente, acabar con ella.

La prueba de la intensidad de este momento necesario, la encontramos observando las circunstancias de producción de esta escritura. No se trata simplemente de escribir o de ilustrar los textos. Se trata de vivir intensamente la escritura del cuaderno, y eso cada día o, más bién, cada noche. La descripción anterior de la habitación de la chica se refería a una noche tranquila. Muy a menudo se escucha la música a un nivel muy fuerte, una música escogida con cuidado en relación con el tema de la escritura del día. Y luego hay esas cosas de las cuales no se habla: el alcohol, las drogas, todo lo que permite experimentar no sólo en su espíritu sino también en su cuerpo el torbellino de las ideas y de las emociones. En tales condiciones, no podemos hablar de un simple ejercicio, de un simple "test" sin consecuencias sino de una verdadera prueba necesaria para vivir intensamente el vértigo de los sentidos. En una sociedad como la nuestra, sin iniciaciones (en el sentido antropológico de la palabra), en la cual las etapas de la juventud y de la vida adulta son algo inciertas, existen unos momentos cuando el individuo tiene la oportunidad de vivir ciertas experiencias atravesando ciertas pruebas. La práctica de este tipo de escritura puede ser uno de estos momentos esenciales, por lo menos para algunas chicas. La trivialidad de los textos imitados o producidos es sin medida común con la intensidad de una experiencia que, a veces, puede ir muy lejos.

Todas las chicas estudiadas no participan en la redacción de cuadernos de este tipo y todas las chicas que participan no lo hacen en las condiciones extremas que acabamos de evocar. Pero, por lo visto, todas las alumnas experimentan en un momento u otro algo semejante a lo que sólo unas cuantas exploran más completo y sistemáticamente. Por eso, es muy importante privilegiar en nuestra etnografía los ejemplos aparentemente atípicos pero en realidad muy significativos. Incluso si las chicas estudiadas, una vez terminado el momento del cuaderno, pueden empezar a redactar un diario íntimo de tipo tradicional. Incluso si la mayoría de las alumnas se limita a compartir una experiencia muy común en las aulas: la redacción y la ilustración de su agenda personal, borrando cada noche todo lo que se refiere a las asignaturas para en seguida sustituirle fotos de cantantes, publicidades, tests, horóscopos y palabras de amor, igual que en los cuadernos. Los agendas circulan de mano en mano definiendo así un círculo de amigas.

Si nos hubiéramos limitado a describir una experiencia común, la del agenda por ejemplo o si nos hubiéramos limitado a leer unas cuantas producciones escritas, a hacer algunas preguntas sobre las motivaciones de las redactoras, incluso por cuestionario para alcanzar a todas las alumnas, nos faltaría algo esencial. Nuestra encuesta en el mundo escolar no tenía nada de "escolar", es decir que se alejó de las problemáticas de la institución y de los motivos educativos. Sólo así hemos podido descubrir y analizar un tipo particular de escritura y un vínculo muy fuerte entre esta escritura y la construcción de una identidad personal y sexual. Por ello, esta etnografía de algunas prácticas "ordinarias" de escritura que al fin y al cabo no tienen nada de ordinario nos parece contribuir a una antropologia de la educación que debe interesarse por todas las prácticas de escritura sea cual sea su legitimidad.


Bibliografía citada

Blanc, D. (1999). "Du concours au bizutage: des rites dans les sociétés scolarisées", Du regard sur l’autre au regard sur nous. Ouvertures anthropologiques, Toulouse: GREP, pp.167-181.
[En línea : lien]

Blanc, D. (1993). "Correspondances. La raison graphique de quelques lycéennes", in D. Fabre (ed.), Écritures ordinaires, Paris: P.O.L-BPI, pp.91-115.
[En línea: lien]

Blanc, D. (1995). "Le temps des cahiers. L'écriture 'non-scolaire' des filles à l'école", in Ch. Barré-de Miniac (ed.), Vers une didactique de l'écriture. Pour une approche pluri-disciplinaire, Bruxelles-Paris: De Boeck-INRP, pp. 103-113.
[En línea: lien]

Blanc, D. (2002). "Anthropologie et ethnographie: quelles observations ? De quelles pratiques ?", in P. Venturini, C. Amade-Escot y A. Terrisse, Études des pratiques effectives : l’approche des didactiques, Grenoble: La Pensée Sauvage, pp.239-256.
[En línea : lien]

Fabre, D. (ed.). (1993). Écritures ordinaires, Paris: P.O.L-BPI.

Hull, G. y K. Schultz. (ed.). (2002). School's Out! Bridging Out-of-school Literacies with Classroom Practice, New-York: Columbia University Press

Lejeune, P. (1993). Le Moi des demoiselles, Paris: Le Seuil.

Street, B. (ed.). (1993). Cross-cultural Approches to Literacy, Cambridge: Cambridge University Press.


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